LOS RETOS DE UNA GESTIÓN HUMANISTA

Publicado: 26 marzo, 2011 en Uncategorized
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ciencia y humanismo han de ser un brazo y no un muro que separa razón y sentimiento”—Pablo Picaso.

La política sanitaria no siempre se planifica con criterios éticos. Los propios médicos, muchas veces, se encuentran en tensión entre dos estilos de ejercicio, uno gobernado por los valores y su concreción en las normas morales de compromiso con el paciente, y otro dictado por criterios políticos economicistas, o incluso por los propios intereses egoístas o corporativos, que se concretan en normas de gestión ajenas al mundo de los valores.

El hombre de Vitruvio. Leonardo Da Vinci

El humanismo es una postura filosófica que sitúa al hombre y los valores humanos por encima de los demás valores, por tanto, parece recomendable suscitar una reflexión que culmine con la manifestación explícita de estos valores para orientar, posteriormente, la actividad institucional hacia ellos. Si el sistema sanitario está centrado en conseguir la salud del paciente, un objetivo prioritario tendrá que ser la humanización de la asistencia frente a la cosificación de la misma a la que abocan algunos criterios de gestión que ignoran el mundo de la ética; Esto es, si la una de las metas de la sanidad es el paciente como eje del sistema sanitario, habría que identificar mediante reflexión conjunta entre líderes clínicos y gestores otros factores que implícitamente modulan la labor cotidiana.

En la empresa sanitaria existen dos tipos de clientes. El externo que es cualquier ciudadano y el interno que son los profesionales que trabajan en dicha empresa. Humanizar la atención al cliente externo es un tema sobre el que se han escrito ríos de tinta, pero ¿qué ocurre con la humanización del cliente interno, del profesional? En este caso, el profesional debe percibir en manera explícita el respeto por su actividad, con condiciones de espacio físico y características de población asignada tales que le permitan un ejercicio ajustado a su cualificación y con un mínimo de calidad.

En cualquier otro caso, aunque es posible que se esté mejorando la eficiencia del sistema, se potencia la fatiga mental de los profesionales y se desvaloriza su actividad, así que, cuando no se cumple este reconocimiento previo, se está deshumanizando la medicina en relación al cliente interno que es el profesional.

Por tanto Gestión sanitaria y práctica de la medicina tendrían que verse siempre como dos niveles complementarios de actuación. Su nexo de unión está en la identidad que proporcionan los valores compartidos por ambos mundos y es el gestor el encargado del equilibrio de la balanza sin olvidarse que en este tipo de organizaciones no debería desvincularse nunca el compromiso social de las decisiones meramente económicas, ni de qué “la evidencia es la más decisiva demostración”(Cicerón).

 

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